Gestión de Conflictos y Convivencia [cite: 178]
Lo que suele escalar el conflicto
Llegar con órdenes o tono sancionatorio activa defensividad inmediata[cite: 180].
Frases como “cálmese” o “no exagere” invalidan la experiencia y aumentan la frustración[cite: 181].
Citar artículos sin diálogo desconecta la intervención de la realidad social[cite: 182].
Aliarse visiblemente con un grupo rompe la imparcialidad y genera resistencia[cite: 183].
El sarcasmo o la competencia verbal transforman la escena en una lucha de poder[cite: 184].
Dar instrucciones contradictorias o cambiar decisiones transmite inseguridad[cite: 185].
Terminar advirtiendo sanciones elimina la cooperación y deja resentimiento[cite: 186].
Lo que favorece el desescalamiento
Decir nombre y motivo (“revisar riesgos”) genera legitimidad inmediata[cite: 188].
Nombrar emociones y necesidades reduce la activación emocional del ciudadano[cite: 189].
Usar “revisemos” o “busquemos” fomenta la corresponsabilidad[cite: 190].
Tu regulación modela al grupo. ¡Recuerda, las emociones se contagian![cite: 191, 192].
Dar turnos y permitir ser escuchado disminuye la percepción de injusticia[cite: 193].
Cuestionar el riesgo (conexión eléctrica) y no a la persona protege la dignidad[cite: 194].
Cerrar resumiendo compromisos y próximos pasos para progresar[cite: 195].